viernes, 8 de diciembre de 2017

ENLACE DE FACEBOOK DE JAVIER MARTÍNEZ ESLAVA



Aquí os dejo un pequeño reportaje fotográfico de lacto institucional del día de la discapacidad organizado por el ayuntamiento de Cuenca y el Consejo municipal de integración de Cuenca gran lectura de ese manifiesto parte de nuestra filial a sordo ciega María Jesús Cañamares 1000 gracias

jueves, 30 de noviembre de 2017

JUVENTUD FASOCIDE: CAMPAÑA CALENDARIO 2018


PUBLICACIÓN DE LA Facultad de Educación de Cuenca - UCLM

Facultad de Educación de Cuenca - UCLM

El jueves pasado (23/11/2017) en nuestra Facultad tuvo lugar una charla informativa sobre “La sordoceguera”. Para ello, recibimos la visita de Mª Jesús Cañamares Muñoz, persona sordociega con la que nuestra Facultad tiene la suerte de poder
colaborar. La conferencia fue dirigida, principalmente, a los estudiantes de 2º curso matriculados en la asignatura Trastornos de aprendizaje y desarrollo de los grados en Maestro en Educación Infantil y Maestro en Educación Primaria. Agradecemos enormemente a Mª Jesús Cañamares su colaboración y desde la Facultad esperamos poder seguir organizando este tipo de actividades para complementar la formación de nuestros estudiantes.

viernes, 1 de septiembre de 2017

VUELTA AL MUNDO DE LOS SONIDOS: SEGUNDA PARTE.

Hoy 20 de Agosto y al resguardo de estos calores excesivos que nos acompañan todo el verano, me dispongo a despejar la incógnita que dejé en el reportaje anterior: LLEGÓ EL GRAN DÍA Y SE ME IMPLANTÓ EL COCLEAR EN EL OÍDO DERECHO! Se cumplió mi sueño.


El 6 de Abril de este año, yo acudí a la consulta del doctor Polo a una más de las revisiones que conllevaba la primera intervención. Me acompañaba Rosa Tejado, una de las mejores guías-intérpretes con que cuenta ASOCIDE. También tenía que verme Auxi, la logopeda. En las pruebas que ella me hizo las dos nos desplomamos al notar cómo el implante del oído izquierdo había ganado todo el terreno al audífono del derecho. Ella, discretamente, me dejó caer una frase que me puso en alerta: ¿No querías implantarte del derecho? Yo no supe qué decir y ella, siguiendo con su diplomacia me dijo que el doctor me diría…. ¡Y vaya si me dijo! Al otorrino Polo le gustan las sorpresas, no sé si tanto darlas como recibirlas, el caso es que nada más entrar a su consulta me preguntó si quería operarme del derecho. YO no pensaba que iba a ser tan rápido ni tan fácil y me pilló totalmente en blanco como así se lo dije, pero este hombre es la fuerza  y el ánimo personificados. Entre él y la intérprete que no dejaba de tirarme de la mano para que decidiera, me plantaron el papel de consentimiento delante y casi sin respirar firmé. Lo que más me preocupaba en esta ocasión era que no había contado con mi familia y mi hermana era la que tenía ahí la peor parte porque fue ella quien se comió las dos intervenciones mías. NO quería fastidiarles las vacaciones, pensaba que igual no les apetecía que se hiciera tan pronto… Pero mi sorpresa fue cuando al comunicárselo a todos aplaudieron la idea y aún me animaron más. Rosa y mi hermana me acompañaron al preoperatorio. Y el día 4 de Julio se llevó a cabo la intervención sobre las ocho y
media de la mañana. Eché de menos a mis padres, que por su avanzada edad y circunstancias de salud no podían acompañarme, aunque gracias a las nuevas tecnologías siguieron todo el proceso con la ayuda del gran Óscar, hijo de una de mis primas que les enseñaba las fotos enviadas por mi hermana a través del whatsap. ¡Gracias, Óscar, lo hiciste estupendo!

Esta vez ha sido algo diferente, matices que quizá para los lectores no tengan importancia pero se han dado: Primero, el corte o rasurado del cabello fue mayor y a mí me desagradó mucho ver tanto trozo pelado. Ya casi no se nota pero en principio no me gustaba. Luego al tenerme que quitar el implante izquierdo para poder ponerme el apósito, pasé un día incomunicada totalmente, algo que me aterra de verdad ya que me sumo en la más completa noche al no ver nada ni oir. MI hermana debió aburrirse de lo lindo todo el día sin hablar con nadie porque conmigo hablaba lo justo con el dactilológico, pero solo lo justo, primero porque yo no tenía gana de hablar, contrariamente a lo que me pasó la
vez anterior que estaba perfectamente. Y segundo porque a ella se le hace muy pesado emplear el dactilológico, pues por la falta de práctica no coge agilidad en los dedos.
La habitación también era algo distinta, esta vez no hubo sofá, sino un sillón normal donde ella tuvo que pasar la noche sin apenas poder descansar. Eso sí: un silencio, una tranquilidad, una limpieza que daba gusto.

La intervención y reanimación también duró más que la primera, algo así como cinco horas; ¿la razón? El doctor Polo dice con ironía que fue porque yo no quería despertarme y la reanimación costaba un poco. Lo cierto es que tuve muy pocos dolores pero también los mareos o vértigos fueron más fuertes y duraderos que la otra vez.

La visita de nuestra prima Ana Belén y de Víctor, su marido, nos alegraron un poco ese día aburrido y mi prima –que sí tiene mucha agilidad con el dactilológico- hablaba conmigo aunque yo no acababa de espabilarme. NO tuve problema alguno con la anestesia, no, eso era un sueño tonto, parecía que tuviera retraso o falta de sueño porque en los días sucesivos también pasaba mucho tiempo durmiendo. Al día siguiente de la intervención se me dio el alta. Y a los diez días me quitaron los 17 puntos que me habían dado, sin un solo dolor y ya casi sin mareos. Los doctores se asombraron de lo bien que me estaba cicatrizando la herida y todos estábamos muy contentos de haber tomado la decisión.

El 4 de este mes me conectaron el aparato externo al interno y la sensación no fue tan placentera como la vez anterior, no puedo decir porqué, pero la voz de Auxi que fue la primera que oí no me gustó nada. Entiendo a algunas personas, sí, pero algo más me está costando que la primera vez. Ahora estoy en periodo de adaptación, ella me lo tiene que ir regulando y todos esperamos con ilusión sacarle todavía más provecho que al primero ya que mi pérdida auditiva por el lado derecho es menor y la memoria más reciente.

  NO puedo, no quiero terminar este relato sin dar las gracias más sinceras a todo el equipo médico que ha hecho posible estos dos milagros: desde los doctores (los mismos que la vez anterior), pasando por la logopeda, hasta enfermeras/os de quirófano y de planta que se han portado maravillosamente.

Pero también y sobre todo, gracias a ti, hermana, por estar ahí, por pasar malos ratos conmigo, por la paciencia que has tenido de no dejarme sola un momento.

Gracias a mi cuñado Alejandro, y a mis dos tesoros más preciados: mis sobrinos SANDRA Y ÁLVARO que habéis hecho de enfermeros, de logopedas, y me habéis animado en todo momento para decidir qué hacer con mi audición. En estos casos, no solo la intervención y la logopedia son fundamentales para sacar el máximo provecho al implante; la familia, el entorno es algo crucial ya que si ellos no nos hablan ni tienen paciencia para soportar esta situación de tenernos que repetir las cosas constantemente, el implante no vale la pena.

Gracias también a Rosa Tejado, guía-intérprete, compañera de caminos y amiga. Por su fuerza y constancia para todo lo que me ha hecho falta.

Gracias a Nadia y al doctor Alfonso Denia por su paciencia y apoyo, por sus consejos acertados que aunque en su día desdeñé ahora agradezco profundamente porque espero con ilusión llegar a oir y entender al menos al ochenta por cien como con el izquierdo, y si puede ser, algo más.


Esta ha sido la crónica del milagro. La vuelta al mundo de los sonidos que ahora es todavía más real.

lunes, 12 de junio de 2017

UNA MUJER CON SUERTE

                 Dicen que pocos inmigrantes encuentran la suerte en el país de destino; en cambio yo, me siento una mujer con suerte. Cada mañana, un gallo encerrado en la cajita del despertador, me hace saltar de un sueño profundo a la realidad cotidiana. Bostezo, me restriego los ojos aún semicerrados, recojo mis pocos enseres dispersos por un rincón bajo el puente que hay junto al río: cartones, plásticos… y los escondo bajo un toldo roto que
tiempo atrás arrojaron al agua y pude rescatar para guardar lo acumulado cada día y venderlo a un almacén de reciclado. 

                Me dirijo al Bar Saúl, esperando el desayuno frugal que su dueño me ofrece generosamente desde mi llegada a España hace diez años, procedente de Túnez con la ilusión de tener trabajo y techo, ilusión que se desvanece a diario cuando llamo a alguna puerta. Pero jamás pierdo la sonrisa, esa sonrisa que al dueño del bar parece encantarlo y es lo único que me pide a cambio del desayuno. Yo ya no sé cómo compensar su generosidad;. A  veces me abruma con ella y no tengo más remedio que bajar la cabeza y tomar el manjar casi siempre fuera del local para no importunar. Los clientes son en su mayoría veteranos y me conocen bien. Algunos incluso salen en mi busca si un día me retraso de las 9 de la mañana. Me desean buen día y preguntan cómo estoy, y siempre respondo que maravillosamente bien. ¿Porqué no responder así, cuando ningún dolor me acecha, nadie me molesta, soy libre en la calle sin normas de horarios ni jefes exigiéndome que vista como a ellos les guste;  o que pase miles de documentos del ordenador a un disco, o que limpie x habitaciones en una hora?... Exenta de impuestos, sin personas a mi cargo, cada mañana después de tomar mi suculento desayuno, me digo a mí misma que soy afortunada. 


              Podéis verme en cualquier esquina, en la
parada de autobús,  siempre con la sonrisa en los labios dispuesta a tender mi mano a un anciano que va a subir al vehículo, a una señora cargada de bolsas con compra que no puede con el peso. Para un niño que acaba de caer al suelo lastimándose las rodillas y sangrando, siempre tengo un pañuelo o servilleta con que taponar la herida e impedir el sangrado. Quienes me ven no dejan de sentir lástima, es una lástima, hipócrita y yo lo sé. Porque la imagen que ofrezco no es la mejor:. Me ven siempre con la misma ropa, donada por quienes disponen de más dinero para cambiar su lock cuando se les antoje… 

               Son las cuatro de la tarde, el restaurante El Puchero termina de servir comidas; me apresuro hasta él para ofrecer mis servicios de limpieza a Remedios, su dueña, sin pedir a cambio nada. Pero ella sabe que me necesita, pues las otras dos empleadas son poco eficientes. La señora suele pagarme con un buen menú de dos platos calientes, o un enorme bocadillo que reparto entre comida y cena. Y cuando ya está todo limpito y recogido salgo del restaurante diciendo para mí que soy una gran afortunada. 

                Llegado el anochecer, vuelvo a mi rinconcito frente al puente, saco de un bolsillo el estuche de punto que hice para meter las monedas recogidas a las puertas de las parroquias o teatros, meto la mano, saco un puñado, las cuento minuciosamente…: cinco, diez, treinta… ¡diez euros con noventa y dos céntimos, esas son mis riquezas de hoy, soy una mujer afortunada! –me sigo diciendo-. Me desvisto por completo, cojo la toalla y las chanclas de goma para no clavarme las piedras en los pies, corro a toda velocidad para calentar el cuerpo y estirar las piernas, me sumerjo en el agua helada del río donde al menos me desprendo de los olores desagradables de la sudoración corporal. Cinco minutos bastan para recobrar energía e higiene. Cubro la piel erizada por el frío con la toalla, corro
hasta mi rinconcito, me vuelvo a vestir con ropa limpia, engullo con avidez el trozo de bocadillo sobrante del mediodía, pongo el despertador en hora para las ocho de la mañana, y, pensando en lo afortunada que he sido desde que llegué aquí, me duermo profundamente dando gracias al Ser Supremo que habita en el  Cielo, por seguir viva. 

Autora: María Jesús cañamares Muñoz

sábado, 27 de mayo de 2017

MONÓLOGO EN LA BIBLIOTECA

Un día más me sumerjo entre las estanterías de la biblioteca pública Fermín Caballero de Cuenca para homenajear a los miles de volúmenes que alberga en distintos formatos para satisfacer los gustos y necesidades de sus fieles lectores.  Como forma de homenaje escojo un monólogo que mantengo conmigo misma aunque si alguien me escucha hablar sola, no sentiré ningún pudor. Porque hablar de un
libro es hablar de un amigo, y hablar de un amigo es un orgullo, más aún cuando nos acompaña y comparte  los buenos y malos momentos de nuestra vida.
       Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre; para mí, el mejor amigo es un libro. El discapacitado vive a veces con la apatía y el aburrimiento. Tiene que llenar sus muchas horas de asueto de alguna forma. Pero, en cualquier caso, siempre hay un libro que leer. El libro es nuestro mejor maestro de la vida… Es innegable

Que leyendo siempre salimos más enriquecidos, puesto que nos documentamos. Sobre geografía, si leemos libros de viajes, sobre historia, si versan sobre esta materia, o simplemente sobre la condición humana si escogemos obras
testimoniales o de cualquiera de las relaciones humanas. Leyendo siempre se
aprende algo y nos cultivamos un poco más.

Debo aclarar que debido a mi condición de sordo-ciega, el acceso a la cultura y la información me lo permite siempre un libro en sistema Braille. Los puntos que rodean los dedos de mis manos se convierten en hermosas palabras, éstas en fantásticos paisajes, en buenas y malas gentes que pasan por las páginas del libro como si de un tren se tratase. Mis libros son amor,  odio y cansancio, malestar y bondad, pero sobretodo es una aventura, una especie de Everets que tengo que escalar poco a poco.  Y con el cansancio de haber terminado la lectura de un libro, sin casi darme tiempo a descansar, pongo  las manos sobre otro manojo de puntos, que en palabras vuelven a meterse por los poros de mis dedos, que llegan hasta esa zona de nuestro ser donde las lágrimas, la alegría, las sonrisas se construyen y elaboran. Donde las risas salen a flor de piel.

    Un libro, es un ser vivo, su exterior, las tapas, tienen la suavidad de la piel de una mujer, su interior, Contiene el pensamiento del autor, y lo escrito en él, es el alma, ya que nunca muere, vive en el tiempo infinito.

Durante mucho tiempo hubo dudas sobre la capacidad de lectura de los no videntes y más aún, de los sordo ciegos. Incluso  una revista (Matilda Ziegler Magazine for the Blind) anunciaba en 1907 la publicación de su primer número, perfecto ejemplo de aquella desconfianza Decían textualmente:

“Prescindiremos de muchos poemas y cuentos en los que se alude al sentido de la vista. Tampoco publicaremos alusiones a los claros de luna, los arco-iris, la luz de las estrellas, las nubes o los bellos paisajes, porque solo sirven para acentuar la percepción que tiene el ciego de su aflicción”.

               ¿Aflicción?                ¿Por qué?

Me revelo contra esta idea; me río de quienes piensan que la sordoceguera impide el acceso al universo mental de los que ven y oyen. El silencio y la oscuridad que, según dicen, me encierran, abren mi puerta, de una manera mucho más hospitalaria, a una infinidad de sensaciones que me distraen, me informan y me divierten. Mis tres sentidos restantes y fieles, (tacto,  olfato y  gusto, me guían fielmente en mis excursiones a esa región limítrofe de la experiencia que se encuentra a las puertas de la ciudad de la Luz. Todos tenemos ojos cuando abrimos un libro. Dejamos de lado nuestros problemas, el mundo oscuro donde vivimos, y nos metemos de lleno  en el papel de un personaje. Me pongo en su lugar, veo con sus ojos, escucho con sus oídos, vivo
sus penas o alegrías. Las casas, la gente, las montañas, el mar, las estrellas, las nubes, el arco-iris, todo se presenta ante nuestros ojos, lo imaginamos de una manera parecida al resto de la gente. Por eso es tan importante para nosotros tener los libros a mano.

    La información va del braille a la punta de los dedos, y de ahí a nuestra mente. Un libro, de cualquier índole, es, para mí, una fuente inagotable de conocimientos, a la que estamos invitados todos a beber de ella.
  
     Un libro es cada uno de los infinitos y distintos frutos que proporciona el árbol del bien y del mal que se alza, espléndido, en el mismísimo centro
del paraíso terrenal del conocimiento, plantado, regado, abonado y mantenido por el único y verdadero Dios del saber que adopta nombres y más nombres que vamos archivando en nuestra memoria.
  
    He entrado, sin miedo, en este edén y he sucumbido siempre a la tentación de la maravillosa serpiente de la sabiduría a fin de probar el máximo número posible de los frutos de ese árbol para no hablar por boca ni gusto de otro.

   Por absurdo que parezca, a veces, como lectora enamorada del libro mantengo interminables diálogos con ellos, y hasta los imagino riñéndome porque no los entiendo, riéndose de mí porque lloro con sus historias tristes; o incluso diciéndome con cierta sorna en sus letras:

    -Algunos nos tenéis miedo... Otros, aversión.... muchos, indiferencia... otros gastáis dinero en nosotros, nos vendéis o compráis para llenar armarios enteros y presumir de cultura y luego  nunca entráis en nuestros entresijos.

      Pero, ay de aquellos que, de repente, superando casi el pico más alto del mundo, la fosa más profunda del Pacífico, se arriesga a tocarnos, abrazarnos,
abrirnos, destrozarnos, y finalmente... como una aventura que nunca imaginó, leernos”.
Y no tengo más remedio que darles la razón.

Sí, yo fui una de las afortunadas que, sacando fuerzas de flaqueza, probablemente en alguna tarde de verano, casi sin planteármelo, con más calor que sueño, en alguna de aquellas siestas que la abuela nos recomendaba echar, cogí de las estanterías  un hermoso volumen rojo, donde pondría algo así como "Las aventuras de..." de algunos que luego fueron casi mis compañeros de juego, batalla, amores y guerras: Miguel Strogoff, Robinson Crusoe, o el mismo Silver de la Isla del  tesoro. O, acaso fuese Peeter Pan... Quizá los poemas de Antonio machado… No puedo recordar quién fue el primero, pero sí he volado con los libros hasta lo más alto del mundo, he navegado en tantas procelosas aguas, que casi se me juntan mi realidad con sus letras.

Los libros son esas hermosas Cajas de Pandora que, bajo sus gruesas pastas, sus hojas de presentación y título, nos conducen  por lo que queremos ser, por lo que no sabemos ser, por aquellos mundos imaginados e inimaginables que algún día, cuando de este mundo salgamos, querremos  recuperar.
            
     Algo que sí tengo para mí, es que la eternidad estará llena de vosotros, queridos y hermosos libros. la eternidad existe porque existen los libros que no podemos leer en vida.  Somos eternos, porque no podemos perdernos tanta belleza oculta en los volúmenes.

        Tengo claro que cuando parta de este mundo seguiré leyendo porque el cielo es como la Gran Biblioteca de Alejandría, donde un mosaico de laberintos, formado por cientos y cientos de publicaciones, desde el poema de Gilgamesh, papiros egipcios, libros griegos, hasta nuestra literatura más cercana, todo está allí, y es para disfrutarlo durante toda la eternidad.

Seguiría filosofando sobre vosotros, hermosos
volúmenes que ilustráis esta acogedora biblioteca; pero las normas hay que respetarlas y la bibliotecaria nos ordena salir, pues ha llegado la hora de cerrar.

-Tranquila, -le digo hablando en voz alta por primera vez desde que entré aquí-, ya me voy, pero déjame despedirme de todos estos tomos que tantas horas de mi soledad han llenado, y que he acariciado con mis manos.


Dame tiempo para prometerles que mañana y pasado y todos los días de mi vida volveré a visitarlos, acariciarlos, y en mis despedidas les mostraré mi gratitud infinita por haberme dado su saber, les diré  una y otra vez cuánto significan para mí, y finalmente les diré cómo los quiero.