lunes, 31 de octubre de 2011

Una poesía dedicada a la peseta

Llanto por la peseta.

El alma tengo sangrando, las lágrimas mis ojos bañan;
lloro por nuestra peseta que la destierran de España.
Fue el móvil de los secuestros, motivo de ostentación,
la codicia del avaro y del pobre, la ilusión.
En el mercado del juego siempre suscitó pasión;
a unos los llevó a la holganza y a otros a la perdición.
Se tornó de mil maneras nuestra querida peseta:
fue cobriza, de papel, blanca, rubia, ¡qué coqueta!
Por mantener su valor luchó como una heroína:
frente al marco, contra el dólar, contra la libra esterlina.....
Después de tantos esfuerzos para ocupar su lugar,
ahora viene un intruso y se lo quiere quitar.
En las bolsas europeas ha entrado como un ciclón,
los políticos afirman que el euro traerá la unión.
No se engañen, Señorías, sin justicia no hay unión:
el pobre es el del centavo y el rico es el del millón.
ya camina la peseta al lugar de su destierro,
¿y dónde la llevarán?: ¡al baúl de los recuerdos!
el alma tengo sangrando, las lágrimas mis ojos bañan;
lloro por nuestra peseta, que la destierran de España.  
 Autor: María Jesús Cañamares.

domingo, 30 de octubre de 2011

Mis vivencias y experiencias personales - Aquí os hago un rápido trazo de mi vida



Integración de las personas sordociegas en otras asociaciones y en la sociedad.
 La palabra INTEGRACIÓN suena muy bonita dicha y leída. Pero la realidad es bien distinta al significado de esa palabra. Las personas sin ninguna limitación, no suelen ponerse en la piel de quienes sí las tenemos. La vorágine de la ciudad, con su vivir diario lleno de prisas, de estrés; las constantes obras en edificios o calles; la no permisividad para tocar monumentos o exposiciones en algún museo o lugar de interés, son algunos de los ejemplos de no integración.
 Las asociaciones de discapacitados suelen acoger a personas disminuidas  psíquicas o físicas, pero no se nos incluye a los disminuidos sensoriales, o si se nos acoge, no se tienen en cuenta nuestras necesidades a la hora de  realizar actividades o programas. Esto hace que muchas veces se llegue a confusiones muy desagradables, por ejemplo cuando una asociación, una federación o una confederación que supuestamente es para todo tipo de discapacitados, organiza un curso y nos avisa a todos, sin tener en cuenta la minusvalía de cada uno. Ocurre que a la hora de participar en ese curso, no hay profesores especializados para nosotros, con lo que no tenemos más opción que dejar de participar en ese curso, o hacerlo como buenamente podamos.
YO actualmente estoy afiliada a la asociación de sordos de Cuenca; soy delegada de sordoceguera, y lo gracioso (porque lo tomamos así para no amargarnos) es que me represento a mí misma, pues no hay en dicha asociación ninguna otra persona sordociega, si bien es verdad que esto es porque ellos no lo desean. Pero mis compañeros sordos, en todo momento, me acogieron con mucho gusto.
¿Me integro con ellos? Tengo que reconocer que en un cincuenta por ciento; yo no conozco la lengua de signos y con quienes son sordomudos no puedo comunicarme. Sin embargo, cuando voy por la asociación, me reciben con los brazos abiertos. Los que tienen resto auditivo y conservan el lenguaje oral sí se comunican conmigo, hablándome alto o bien por dactilológico, que algunos lo aprendieron expresamente para ello. Sin embargo, a la hora de participar en actividades con ellos, me es muy difícil, ya que al ser la única sordociega, ellos no disponen de juegos adaptados para mí, o bien realizan actividades para las que yo no sirvo, como puede ser la pesca. NO obstante, m siento con ellos como en mi propia asociación –ASOCIDE-. Con el convenio que tienen con Magisterio, yo imparto talleres de introducción a la sordoceguera, una vez al año, para dar a conocer nuestro mundo a los profesores y alumnos de la UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA. Hace muchísimos años que gracias a Magisterio y a la Asociación de sordos, mi colectivo está saliendo a la luz en Cuenca y en Castilla-La mancha.
 Pero la integración de este colectivo en la sociedad, como digo, es más que difícil. En mi caso podría contar muchas situaciones en las que lo he comprobado. Cuando decidí sacarme  el entonces Graduado escolar en un  centro para adultos de Cuenca (Cristo del Amparo), y de eso hace ya más de 25 años, se me pusieron mil trabas al saber que era sordociega. La ONCE tuvo que intervenir a través de sus servicios sociales, para explicar a los docentes que con la ayuda de la profesora de apoyo, yo podría desenvolverme en los estudios con más o menos normalidad. Me admitieron casi a la fuerza por mediación de la entonces secretaria de la Agencia de la ONCE que tenía influencias allí. Pero lo más triste fue cuando vinieron los exámenes finales: en el centro no admitían que se me pasaran a mí las preguntas al Braille antes de comenzar el examen y menos todavía, que la profesora de apoyo estuviera a mi lado en dicho examen. Al parecer, pensaban que esta persona me apuntaría o me haría la evaluación ella. Fue muy duro hacerles ver que yo necesitaba que me explicaran ciertos planos y dibujos que no podía ver como los demás en la pizarra. Tuve a mi profesora, sí, pero con extrema vigilancia por parte del Centro.

 Otro incidente muy desagradable lo tuve a la hora de plantearme aprender Informática en una academia con gente sin limitaciones. Acudí a una, donde el director, nada más verme, me dijo que ahí no. Naturalmente le pedí explicaciones, y me dijo claramente que si era sordociega no podía porque los profesores no sabían cómo enseñarme. Le tranquilicé diciéndole que la ONCE me adaptaría el material, como así fue, me pagaba un interprete 3 días en semana y además la Instructora tiflotecnológica les daría unas breves indicaciones para enseñarme. ¡No por sueldo! Se negaron siempre.
Decidí pues ir a MECARRAPID, ya conocía a su director y además él apostó desde el primer momento por mí. ¡Jamás olvidaré a este hombre maravilloso que quiso darme al menos una oportunidad; ni a los profesores, Juan Carlos y Victor, que se volcaron conmigo desde el principio hasta el final1 Estuve allí 7 meses en los cuales recibí todo el apoyo y cariño de parte de todo el personal de la Academia. Incluso los 2 profesores aprendieron el dactilológico y me escribían en la mano o en el ordenador lo que tenía que hacer cuando el interprete, Remy, no estaba conmigo. La ONCE también me apoyó totalmente y así pude manejar más o menos bien el ordenador. aunque el colofón, lo más importante para mí fue saber manejar Internet, y esto lo aprendí en un piso tutelado que ASOCIDE abrió en Madrid para que cinco sordociegos siguiéramos un programa de vida diaria. Allí fue el instructor, Eugenio, quien me dio meda vida, porque gracias a su paciencia y su altísimo nivel profesional, ahora me estoy comunicando con ustedes. Gracias a él, sé buscar este periódico y mil cosas más aunque a decir verdad, las páginas no son todo lo accesibles que tendrían que ser, y aquí hay otra prueba de lo difícil que es integrarnos en la Sociedad.